»Entraba la bellísima María

por palacios del padre sublimados

con bello rostro y fuera de alegría,

con los ojos en lágrimas bañados;

los cabellos rubísimos traía

por los ebúrneos hombros deslazados,

y a su padre, que sale a recibilla,

le demanda favor para Castilla:

Tú solo, cruel amor, con fuerza cruda