con el poder inmenso de Granada
fué en los campos Tartesios ayuntada.
»Y viendo el rey sublime castellano
la fuerza de los moros grande y fuerte,
temiendo más el fin del pueblo hispano,
ya perdido otra vez, que no su muerte,
pidiendo ayuda al grande Lusitano,
envía a su mujer, que era de suerte
mujer de quien la envía e hija amada
de aquel a cuyo reino fué enviada.