que siempre ante sus ojos te traían

cuando de tus hermosos se apartaban,

de noche en dulces sueños que mentían,

de día en pensamientos que volaban,

y cuanto, en fin, pensaba y cuanto veía

era todo memorias de alegría.

»De otras bellas señoras y princesas

los deseados tálamos no aceta,

que no curas, Amor, de altas empresas

cuando un hermoso rostro te sujeta: