tal yerro en don Nuño Álvarez; mas antes,
puesto que en sus hermanos claro viese
vueltas las voluntades inconstantes,
en alta voz habló, porque se oyese,
con palabras más duras que elegantes,
con la mano en la espada, y no facundo,
amenazando airado al mar, al mundo.
»¡Cómo! ¿De gente ilustre portuguesa
»ha de haber quien rehuse el patrio Marte?
»¡Cómo! ¿De esta provincia, que princesa