a las fuerzas invictas africanas,

Cornelio se levanta, y compelidos

hizo a todos jurar que las romanas

armas no dejarían en cuanto vida

tuviesen, hasta en ellas ser perdida:

»De esta suerte a su pueblo esfuerza Nuño,

que con le oir las últimas razones

desechan el temor frío importuno,

que helados les tenía los corazones:

en animales suben de Neptuno,