Marte, que de la diosa sustentaba,

entre todos, las partes con porfía,

o porque el amor viejo le obligaba,

o porque la razón le compelía,

sañudo entre los más se levantaba,

lleno el semblante de melancolía,

y el escudo, que al cuello trae colgado,

lo arroja atrás con ceño y rostro airado.

La visera del yelmo de diamante

levantándola un poco, muy seguro,