para decir su dicho fué delante
de Júpiter, armado, fuerte y duro:
un golpe con el cuento penetrante
del herrado bastón dió al solio puro,
con que el cielo tembló, y el sol, turbado,
por un poco de luz quedó eclipsado.
Y dice: «Oh Padre eterno, a cuyo imperio
todo aquello obedece que criaste,
si esta gente que busca otro hemisferio,
cuyo valor y pecho tanto amaste,