con los ramos de una árbol peregrina;
el uno es de presencia más cansada,
mostrando que de atrás viene y camina;
cuelga el agua con ímpetu alterada
que en parte más remota se avecina,
bien como Alfeo de Arcadia en Siracusa
va a buscar los abrazos de Aretusa.
»Este, que era más grave en la persona,
al rey como de lejos le hablaba:
«¡Oh rey, a cuyos reinos y corona