amor más desconfía, acrecentaban

la desesperación y miedo frío

de nunca poder ver vuelto navío.

»Cuál va diciendo: «¡Oh hijo, a quien tenía

»sólo por refrigerio y dulce amparo

»de mi vejez cansada, que a porfía

»acabaré con lloro nada avaro!

»¿Por qué me dejas, dulce ánima mía.

»por qué de mí te vas, oh hijo caro,

»a hacer el funéreo enterramiento