a Neptuno en las aguas encendían,

sintiendo ya por ellas grave pena,

de víboras henchiste aquesta arena.

»Siempre, en fin, para el Austro va la proa

y en el inmenso golfo nos metimos,

dejando la sierra áspera Lioa,

y el cabo a quien de Palmas nombre dimos,

y el grande río, que, como en Lisboa

el Tajo, da en las playas que allí dimos;

quedóse la isla ilustre que tomara