los ojos encorvados, la postura

horrenda, la color terrena y pálida,

llenos de tierra y crespos los cabellos,

los dientes amarillos los más de ellos.

»Tan grande era de miembros, que bien oso

certificarte que éste era el segundo

de Rodas extrañísimo coloso,

de los milagros siete uno del mundo:

un sonido de voz, triste, medroso,

que parece salir del mar profundo: