Contempla, oh Rey, qué grande tierra andamos,
sin salir nunca de este pueblo rudo,
sin hallar rastro o nueva, ni señales,
de las buscadas partes orientales.
»Imaginad ahora cuán cuitados
andaríamos todos y perdidos,
de hambres, de tormentas quebrantados,
por climas y por mares no sabidos,
y del largo esperar tanto cansados
cuanto a desesperar casi movidos,