Aun no habían ancorado, y ya la gente

extraña por las cuerdas se subía:

vienen con rostro alegre, y blandamente

el sabio capitán los recibía:

las tablas poner manda en continente,

y del licor que el dulce Baco cría

hinchen vasos de vidrio, y no desechan

los quemados del sol cuanto les echan.

Comiendo alegremente preguntaban

por la arábiga lengua, dó venían,