piense que por su amor bajé del cielo,
ni que siento la injuria de Neptuno:
la mía es la que temo yo y recelo;
mi suerte lloro, que el hado importuno
en mis victorias ponga obscuro velo,
y lo que yo gané por el Oriente
lo vea ser rendido de esta gente.
»Que el gran señor y hados que destinan
a su albedrío el ser del bajo mundo
mayor fama que a nadie determinan