«¡Alija, alija, todos prestamente;
la ropa vaya al mar, no quede nada;
otros den a la bomba, no cesando;
abomba, que nos vamos anegando!»
Corrieron los soldados animosos
a la bomba, y al punto que llegaron
los vaivenes del mar impetuosos
al bordo todos juntos los echaron.
Tres marineros diestros y forzosos
el timón menear nunca bastaron: