Ya la amorosa estrella cintilaba
delante el claro Sol, puesta al Oriente,
mensajera del día, y visitaba
la tierra y largo mar con leda frente,
y la diosa, que a ella gobernaba,
a quien el rostro guarda Orión ausente,
luego que vió en el mar la rota armada,
de miedo, enojo y rabia fué tocada.
«Estas obras de Baco son por cierto,
dijo; mas su intención falsa y aleve