humilde se postró y a Dios adora,
que a la tierra los trujo de la Aurora.
Mil gracias daba a Dios, con grato pecho,
que no sólo la tierra le mostraba
que con tanto temor, tan sin pertrecho,
con trabajos ha tanto que buscaba;
mas en salvo lo puso del estrecho
de la muerte que el mal aparejaba:
libre se ve del golfo y sobre un leño,
como quien despertó de un grave sueño.