en su pobre casilla reposase
y el manjar de la tierra probaría;
que después que algún rato descansase,
con él para la flota volvería,
pues que gozo no puede ser tamaño
como ver un vecino en reino extraño.
El Portugués recibe muy de gana
lo que Monzaide moro da y ofrece;
la voluntad conoce limpia y sana,
y con él bebe y come y le obedece: