que mi flaco batel aniegue el cielo.
Mirad que ha tanto tiempo que, cantando
el vuestro Tajo y vuestros Lusitanos,
la fortuna me trae peregrinando,
nuevos trabajos viendo entre paganos;
ahora el mar, ahora exprimentando
los peligros mavorcios inhumanos,
cual Cánace, a la muerte condenada,
la pluma en una mano, en otra espada.
Ahora con pobreza aborrecida,