tal premio de mis versos me pagasen:

en cambio del descanso que esperaba,

que con ricas guirnaldas me adornasen,

trabajos nunca usados me inventaron,

con que en tan duro estado me dejaron.

¡Ved, Tagides, qué ingenios de señores

el vuestro Tajo cría valerosos,

que así precian y pagan con favores

al que en rima los hace gloriosos!

¡Qué ejemplo a los futuros escritores