aprometiendo premio y grande fama
al que por él tomare este cuidado:
el Moro los promete, y se derrama
en su pecho un veneno tan dañado,
que muerte, si pudiese, en este día,
en lugar de pilotos le daría.
Fué la voluntad tal y el odio insano
que concibió contra estos pasajeros
porque siguen la ley del Soberano,
que cual lobo se arroja a los corderos: