secretos de la eterna y sacra mano

do los juícios quedan tan rateros,

que no falte Majencio que persiga

al que la ley de Dios abrace y siga.

Con esto se partió, y su compañía,

el Moro, de las naves despedido,

con engañosa y grande cortesía,

con alegre semblante aunque fingido.

Los esquifes navegan por la vía

más breve de Neptuno, y recibido