no hay vista que se atenga a su conquista:

así serán aquestos muy felices

si les dejáis echar hondas raíces.»

Con esto el sueño y él se les despide

y atónito se queda el agareno:

deja la cama, lumbre al punto pide,

obrando por las venas el veneno:

luego que la tiniebla no lo impide,

al salir de la luz del sol sereno,

los de su secta todos ha juntado