de un moro en Mozambique conocido,
viejo, sabio, del jeque muy querido.
Y entrándole a hablar a tiempo y horas
para su falsedad acomodadas,
le dijo que eran gentes robadoras
las que de nuevo al puerto son llegadas,
y cómo las naciones moradoras
de toda aquella costa son robadas
por ellos desde el punto que pasaron
y con fingida paz allí ancoraron.