que no valdrá ni el muro adamantino,

ni triste hipocresía podrá tenella,

que mal habrá en la tierra quien se guarde,

pues el fuego de amor en el mar arde.»

Propuso Venus, cuando el hijo inico,

para le obedecer, se apercibía:

manda traer su arco ebúrneo, rico,

con que tiene más cierta puntería:

alegre Venus, al hijo impudico

dentro del mismo carro lo subía,