Pues la tapicería bella y fina

con que se cubre el rústico terreno

la de Aquemenia hace menos dina

y el valle, que es sombrío, más ameno;

la cabeza la flor cifisia inclina

sobre el estanque lúcido y sereno:

florece el hijo y nieto de Ciniras

por quien, oh pafia diosa, aun hoy suspiras.

No hubiera quien juzgara en esta hora,

viendo en el cielo y suelo unas colores,