con gusto los segundos Argonautas,
donde por la floresta se dejaban
andar las bellas diosas como incautas;
algunas, dulces cítaras tocaban;
algunas, arpas; otras, dulces flautas;
otras, con arcos de oro se fingían
seguir la caza, y caza no seguían.
Así lo aconsejó la maestra experta,
que en el campo anduviesen derramadas,
que aunque la presa fuese vista incierta,