hace son con el son de la arboleda.

A divisar comienzan de repente

entre los verdes ramos las colores,

colores que la vista juzga y siente

no ser de rojas rosas ni de flores;

mas de lana y de seda diferente,

que incita más y más a los amores,

de que se visten las humanas rosas,

haciéndose por arte más hermosas.

Da Veloso espantado un grande grito: