caza en aquellos montes deleitosos,

tan suave, doméstica y benina

cual herida la tiene ya Ericina.

Unos, que en espingardas y ballestas

para herir los ciervos se fiaban,

por los sombríos bosques y florestas

determinadamente se arrojaban;

mas otros a las sombras, que de siestas

defienden la frescura, paseaban

cerca del agua que suave y queda