lo que a las tristes manos van negando.

Otra, como acudiendo más de priesa

a no perder su honra en esta danza,

esconde en la agua el cuerpo; otra se apriesa

y por su ropa afuera se abalanza;

tal de los mozos hay que, por la priesa,

vestido se echa al agua, la tardanza

del desnudar temiendo, no se tarde

matar en agua el fuego que en él arde.

Cual perro de agua, en agua acostumbrado,