con muestras más donosas que indignadas,
riñe al enamorado que, herido
de amor, sobre ella cae mal advertido.
Otros por otra parte van topando
las diosas que desnudas se lavaban,
y de verlos venir están gritando,
como que asalto tal no lo esperaban:
algunas de ellas, menos estimando
la vergüenza que fuerza, se arrojaban
desnudas al huir, al ojo dando