de tierra inmensa y mar no navegado,

los secretos, por alta profecía,

que sola su nación saber debía:

Llévalo de amor preso, y por la mano,

a la cumbre de un monte alto y divino,

donde está un edificio soberano

de cristal claro, de oro puro y fino.

El día pasó aquí, alegre y ufano,

en dulces juegos y en placer contino:

en los palacios goza sus amores;