unos muy pocos sirven de añagaza.
Por la ribera andaban arenosa
aquellos pocos moros blandeando
el adarga y la lanza sanguinosa,
los fuertes Portugueses provocando;
mas no sufre la gente belicosa
que los perros les anden más ladrando:
cada cual salta a tierra tan ligero
que no se conoció cuál fué el primero.
Cual en el coso estando el firme amante,