Mil pláticas alegres se hablaban,
risas, motes y dichos delicados,
que entre un manjar y el otro se tocaban
ya con los apetitos desbocados:
músicos instrumentos no faltaban
cuales en el Cocito a los penados
hicieron descansar de eterna pena
con una voz de angélica sirena.
Una ninfa cantaba, y sus acentos,
que por los altos aires van sonando,