se amontonan los llenos platos de oro,

traídos del atlántico tesoro.

Los vinos odoríferos, que encima

están, no son itálico Falerno,

mas ambrosía que Júpiter estima,

con todo su concilio sempiterno:

en vasos do no puede obrar la lima

blancas espumas alzan, y al interno

corazón mueven súbita alegría,

saltando con la mezcla de agua fría.