las mesas tienen llenas, servidores,

de platos de manjares excelentes,

porque puedan allí con tal largueza

cada cual socorrer a su flaqueza.

Allí en las sillas ricas, cristalinas,

se asientan dos a dos amante y dama:

en dos que están primero, de oro finas,

con su diosa se puso el claro Gama:

de iguarias suaves y divinas,

a quien nunca llegó la egipcia fama,