y por guardar la fe a los singulares

Portugueses perdió todo su estado:

sus ciudades consiente y sus lugares

ser talados con fuego y hierro airado

por el gran Samorín que nuestra gente

quisiera aniquilar en el Oriente.

Y canta «cómo ve que se embarcaba

en Belén su remedio soberano,

sin saber lo que en sí la mar llevaba:

lleva a Pacheco, Aquiles Lusitano: