sienten su grave peso, cuando entraba

el corvo leño el férvido Oceano,

los troncos que en el agua ya gemían

y en ella sin quererlo se metían.

»Mas llegado a los fines orientales,

ayudándose queda con gran brío

al de Cochín, con pocos naturales,

en brazos del salado y ancho río:

desbarata los Naires infernales

al paso Cambalón, tornando frío