Cesen del sabio griego y del troyano

las prolijas derrotas que siguieron;

cállese de Alejandro y de Trajano

la fama de victorias que tuvieron:

pues canto el pecho ilustre lusitano

a quien Neptuno y Marte obedecieron;

cese lo que la Musa antigua canta,

que otro valor más alto se levanta.

Vosotras, mis Tagides, que criado

habéis en mí un ingenio nuevo ardiente: