que bien pensó comprarla más barata:
blasfema de la guerra, y maldecía
al viejo flaco y la que el hijo cría.
Huyendo el moro, el arco va flechando
sin fuerza, de cobarde, y presuroso
la piedra y cuanto topa atrás echando,
que el furor arma a veces al medroso:
la isla toda van desamparando
con paso en el huir no vagaroso,
cortando otros del mar un paso estrecho,