mostrándose del odio ya olvidado:

despide al mensajero con contento

y manda luego dar velas al viento.

Partida de la costa nuestra armada,

las ondas de Anfitrite dividía,

de las hijas de Néreo acompañada,

fïel, alegre y dulce compañía:

el diestro capitán, que la tramada

tela del falso moro no entendía,

del mañoso piloto se informaba