desea el rey, que andaba edificando,
llevarlo do la obra le convida,
y piensa de moverlo con pujantes
fuerzas de hombres, ingenios de elefantes.
»Era tan grande el peso del madero,
que para menearlo nada basta;
mas el nuncio de Cristo verdadero
menos trabajo en tal negocio gasta:
ata el cordón que trae por lo postrero
del leño y del gran peso lo desbasta: