la flota pueda ir salva el mar rompiendo,
cumplirá su mandado sin recelo,
que a más que esto le obliga amor y celo.
Pregúntale después si hay en la tierra
cristianos, como el moro le decía;
el mensajero astuto, que no yerra,
dice que la más gente en Dios creía:
de esta suerte del pecho le destierra
la sospecha y la cauta fantasía:
por donde el capitán seguramente