Porque no se entiende que si madruga la casada, ha de ser para que, rodeada de botecillos y arquillas, como hacen algunas, se esté sentada tres horas afilando la ceja y pintando la cara, y negociando con su espejo que mienta y la llame hermosa. Que demás del grave mal que hay en aqueste artificio postizo, del cual se dirá en su lugar, es no conseguir el fin de su diligencia, y es faltar á su casa por ocuparse en cosas tan excusadas, que fuera menos mal el dormir.
Levántese pues, y levantada, gobierne su gente y mire lo que se ha de proveer y hacer aquel día, y á cada uno de sus criados reparta su oficio; y como en la guerra el capitán, cuando ordena por hileras su escuadra, pone á cada un soldado en su propio lugar y le avisa á cada uno que guarde su puesto; así ella ha de repartir á sus criados sus obras y poner orden en todos, en lo cual se encierran grandes provechos, porque lo uno, hácese lo que conviene con tiempo y con gusto; lo otro, para cuando alguna vez acontece que, ó la enfermedad ó la ocupación tiene ausente á la señora, están ya los criados, por el uso, como maestros en todo aquello que deben hacer, y la voz y la orden de su ama, á la cual tienen hechos ya los oídos, aunque no la oigan entonces, les suena en ellos todavía, y la tienen como presente sin vella.
Y demás desto, del cuidado del ama aprenden las criadas á ser cuidadosas, y no osan tener en poco aquello en que ven que se emplea la diligencia y el mandamiento de su señora; y como conocen que su vista y provisión della se extiende por todo, paréceles, y con razón, que en todo cuanto hacen la tienen como por testigo y presente, y así se animan, no sólo á tratar con fidelidad sus obras y oficios, sino también aventajarse señaladamente en ellos. Y así cresce el bien como espuma, y se mejora la hacienda, y reina el concierto, y va desterrado el enojo. Y finalmente, la vista y la presencia y la voz y el mando del ama hace á sus mozas, no sólo que le sean provechosas, sino que ellas en sí no se hagan viciosas, lo cual también pertenesce á su oficio. Síguese:
VIII
LA PERFECTA CASADA NO SÓLO HA DE CUIDAR DE ABASTECER SU CASA Y CONSERVAR LO QUE EL MARIDO ADQUIERE, SINO QUE HA DE ADELANTAR TAMBIÉN LA HACIENDA.
Vínole al gusto una heredad, y compróla,
y del fruto de sus palmas plantó viña.