su candela no se apagó de noche.
Puso sus manos en la tortera[53],
y sus dedos tomaron el huso.
PROVERBIOS
Tenga valor la mujer, y plantará viña; ame el trabajo, y acrescentará su casa; ponga las manos en lo que es propio de su oficio, y no se desprecie dél, y crecerán sus riquezas; no se desciña, esto es, no se enmollezca, ni haga de la delicada, ni tenga por honra el ocio, ni por estado el descuido y el sueño, sino ponga fuerza en sus brazos y acostumbre á la vela sus ojos, y saboréese en el trabajar, y no se desdeñe de poner las manos en lo que toca al oficio de las mujeres, por bajo y por menudo que sea; y entonces verá cuánto valen y adónde llegan sus obras.
Tres cosas le pide aquí Salomón, y cada una en su verso: que sea trabajadora lo primero, y lo segundo, que vele, y lo tercero, que hile. No quiere que se regale, sino que trabaje.
Muchas cosas están escritas por muchos en loor del trabajo, y todo es poco para el bien que hay en él; porque es la sal que preserva de corrupción á nuestra vida y á nuestra alma; mas yo no quiero decir aquí nada de lo general.
Lo que propiamente toca á la mujer casada, eso diré solamente; porque cuanto de suyo es la mujer más inclinada al regalo y más fácil á enmollecerse y desatarse con el ocio, tanto el trabajo le conviene más. Porque si los hombres, que son varones, con el regalo conciben ánimo y condición de mujeres y se afeminan, las mujeres ¿qué serán, sino lo que hoy día son muchas dellas?
Que la seda les es áspera y la rosa dura, y les quebranta el tenerse en los pies, y del aire que suena se desmayan, y el decir la palabra entera las cansa, y aun hasta lo que dicen lo abortan, y no las ha de mirar el sol, y todas ellas son un melindre y un lixo[54], y un asco; y perdónenme porque les pongo este nombre, que es el que ellas más huyen, ó por mejor decir, agradézcanme que tan blandamente las nombro.
Porque quien considera lo que deben ser lo que ellas mismas se hacen, y quien mira la alteza de su naturaleza y la bajeza en que ellas se ponen por su mala costumbre, y coteja con lo uno lo otro, poco dice en llamarlas así; y si las llamase cieno, que corrompe el aire y le inficiona, y abominación aborrecible, aún se podía tener por muy corto. Porque teniendo uso de razón y siendo capaces de cosas de virtud y loor, y teniendo ser que puede hollar sobre el cielo y que está llamado al gozo de los bienes de Dios, le deshacen tanto ellas mismas y se aniñan así con delicadez, y se envilecen en tanto grado, que una lagartija y una mariposilla que vuela tienen más tomo que ellas y la pluma que va por el aire, y el aire mismo, es de más cuerpo y sustancia. Así que, debe mirar mucho en esto la buena mujer, estando cierta que en descuidándose en ello se volverá en nada.