Y como los que están de su naturaleza ocasionados á algunas enfermedades y males se guardan con recato de lo que en aquellos males les daña, así ellas entiendan que viven dispuestas para esta dolencia de nadería y melindrería, ó no sé cómo la nombre, y que en ella el regalo es rejargar[55], y guárdense dél como huyen la muerte, y conténtense con su natural poquedad, y no le añadan bajeza, ni la hagan más apocada; y adviertan y entiendan que su natural es femenil, y que el ocio por sí afemina, y no junten á lo uno lo otro, ni quieran ser dos veces mujeres.

He dicho el extremo de nada á que vienen las muelles y regaladas mujeres, y no digo la muchedumbre de vicios que desto mismo en ellas nascen, ni oso meter la mano en este cieno. Porque no hay agua encharcada y corrompida que críe tantas y tan malas sabandijas, que nascen vicios asquerosos y feos en los pechos destas damas delicadas, de que vamos hablando.

Y en una dellas, que pinta en los Proverbios[56] el Espíritu Santo, se ve algo desto; de la cual dice así:

«Parlera y vagabunda, y que no sufre estar quieta, ni sabe tener los pies en su casa, ya en la puerta, ya en la ventana, ya en la plaza, ya en los cantones de la encrucijada, y tiende por dondequiera sus lazos.

»Vió un mancebo, y llegóse á él y prendióle, y díjole, con cara relamida, blanduras:

«Hoy hago fiesta y he salido en tu busca, porque no puedo vivir sin tu vista, y al fin he hecho en ti presa.

»Mi cámara he colgado con hermosas redes, y mi cuadra con tapices de Egipto; de rosas y de flores, de mirra y lináloe[57] está cubierto el suelo todo y la cama.

»Ven y bebamos la embriaguez del amor, y gocémonos en dulces abrazos hasta que apunte la aurora.»

Y si todas las ociosas no salen á lo público de las calles como ésta salía, sus abscondidos rincones son secretos testigos de sus proezas, y no tan secretos, que no se dejen ver y entender. Y la razón y la naturaleza de las cosas lo pide. Que cierto es que produce malezas el campo que no se rompe y cultiva, y que con el desuso el hierro se toma de orín y se consume, y que el caballo holgado se manca.

Y demás desto, si la casada no trabaja, ni se ocupa en lo que pertenesce á su casa, ¿qué otros estudios ó negocios tiene en qué se ocupar? Forzado es que, si no trata de sus oficios, emplee su vida en los oficios ajenos, y que dé en ser ventanera, visitadora, callejera, amiga de fiestas, enemiga de su rincón, de su casa olvidada y de las casas ajenas curiosa, pesquisidora de cuanto pasa y aun de lo que no pasa, inventora, parlera y chismosa, de pleitos revolvedora, jugadora también y dada del todo á la conversación y al palacio, con lo demás que por ordinaria consecuencia se sigue, y se calla aquí ahora, por ser cosa manifiesta y notoria.