¿De cuántas mujeres sabe que por no tener cuenta con su estado y tenerla con sus antojos, están con sus maridos en perpetua lid y desgracia? ¿Cuántas ha visto lastimadas y afeadas con los desconciertos de sus hijos y hijas, con quien no quisieron tener cuenta? ¿Cuántas laceran en extrema pobreza porque no atendieron á la guarda de sus haciendas, ó por mejor decir porque fueron la perdición y la polilla de ellas? Ello es así que no hay cosa más rica ni más feliz que la buena mujer, ni peor ni más desastrada que la casada que no lo es; y lo uno y lo otro nos enseña la Sagrada Escritura. De la buena dice así:
«El marido de la mujer buena es dichoso y vivirá doblados días, y la mujer de valor pone en su marido descanso, y cerrará los años de su vida con paz. La mujer buena es suerte buena, y como premio de los que temen á Dios, la dará Dios al hombre por sus buenas obras[11]. El bien de la mujer diligente deleitará á su marido y hinchará de grosura sus huesos. Don grande de Dios es el trato bueno suyo[12]; bien sobre bien y hermosura sobre hermosura es una mujer que es santa y honesta. Como el sol que nace, parece en las alturas del cielo; así el rostro de la buena adorna y hermosea su casa[13].»
Y de la mala dice por contraria manera:
«La celosa es dolor de corazón y llanto continuo[14], y el tratar con la mala es tratar con los escorpiones[15]. Casa que se llueve es la mujer rencillosa[16], y lo que turba la vida es casarse con una aborrecible[17]. La tristeza del corazón es la mayor herida, y la maldad de la mujer es todas las maldades. Toda llaga, y no de corazón; todo mal, y no mal de mujer[18]. No hay cabeza peor que la cabeza de la culebra, ni ira que iguale á la de la mujer enojada. Vivir con leones y con dragones más es pasadero que hacer vida con la mujer que es malvada[19]. Todo mal es pequeño en comparación de la mala; á los pecadores les caiga tal suerte. Cual es la subida arenosa para los pies ancianos, tal es para el modesto la mujer deslenguada[20]. Quebranto de corazón y llaga mortal es la mala mujer. Cortamiento de piernas y descaimiento de manos es la mujer que no da placer á su marido. La mujer dió principio al pecado, y por su causa morimos todos[21],» y por esta forma otras muchas razones.
Y acontece en esto una cosa maravillosa, que siendo las mujeres de su cosecha gente de gran pundonor, apetitosas de ser preciadas y honradas, como son todos los de ánimo flaco, y gustando de vencerse entre sí unas á otras aun en cosas menudas y de niñería, no se precian, antes se descuidan y olvidan de lo que es su propia virtud y loa. Gusta una mujer de parecer más hermosa que otra, y aun si su vecina tiene mejor basquiña, ó si por ventura saca mejor invención de tocado, no lo pone á paciencia; y si en el ser mujer de su casa le hace ventaja, no se acuita, ni se duele, antes hace caso de honra sobre cualquier menudencia, y sólo aquesto no estima.
Como sea así que el ser vencida en aquello no le daña, y el no vencer en esto la destruye; con ser así que aquello no es su culpa y aquesto destruye todo el bien suyo y de su casa, y con ser así que el loor que por aquello se alcanza, es ligero y vano loor, y loor que antes que nazca perece, y tal, que si hablamos con verdad, no merece ser llamado loor, y por el contrario, la alabanza maciza y que tiene verdaderas raíces, y que florece por las bocas de los buenos juicios, y que no se acaba con la edad, ni con el tiempo se gasta, antes con los años crece, y la vejez la renueva, y el tiempo la esfuerza, y la eternidad se espeja en ella, y la envía más viva siempre y más fresca por mil vueltas de siglos. Porque á la buena mujer su familia la reverencia, y sus hijos la aman, y su marido la adora, y los vecinos la bendicen, y los presentes y los venideros la alaban y ensalzan. Y á la verdad, si hay debajo de la luna cosa que merezca ser estimada y preciada, es la mujer buena; y en comparación della el sol mismo no luce, y son escuras las estrellas, y no sé yo joya de valor ni de loor que ansí levante y hermosee con claridad y resplandor á los hombres, como es aquel tesoro de inmortales bienes de honestidad, de dulzura, de fe, de verdad, de amor, de piedad y regalo, de gozo y de paz, que encierra y contiene en sí una buena mujer cuando se la da por compañera su buena dicha.
Que si Eurípides[22], escritor sabio, parece que á bulto dice de todas mal, y dice que si alguno de los pasados dijo mal dellas, y de los presentes lo dice, ó si lo dijeren los que vinieren después, todo lo que dijeron y dicen y dirán, él solo quiere decir y dice. Así que, si esto dice, no lo dice en su persona, y la que lo dice tiene justa disculpa en haber sido Medea la ocasión de que lo dijese. Mas, ya que habemos llegado aquí, razón es que callen mis palabras, y que comiencen á sonar las del Espíritu Santo, el cual en la doctrina de las buenas mujeres, que pone en los Proverbios, y yo ofrezco ahora aquí á vuestra merced, comienza destos mismos loores en que yo ahora acabo, y dice en pocas razones lo que ninguna lengua pudiera decir en muchas; y dice desta manera: