La noche va a llegar, estoy sediento
de una lágrima... Dámela, y contento
proseguiré el camino...

Toledo, Septiembre 1916.

DEL AZUL AL GRIS

UNA calle de barrio.—En la fachada
—una fachada colonial y austera—
el abierto balcón, donde la amada
todas las tardes, a las seis, me espera.
Cielo azul, aire limpio, luz dorada.
Acaba de llover. Sol. Primavera.
Huele a tierra mojada.

En la mansa quietud del vecindario
ladra un can solitario;
dando traspiés, un ebrio soliloquia;
gime Chopin en piano centenario,
y el humilde esquilón de la parroquia
llama a los feligreses al rosario.
Los hilos del telégrafo, con finas
rayas de pentagrama, ornan los bordes
del pretil de las casas en ruinas;
y allí las bulliciosas golondrinas
están haciendo y deshaciendo acordes.

Sonar se oye a distancia un organillo.
Del cercano jardín viene un aroma
de musgo. Dan las seis. Yo paso. Un brillo
me alumbra el corazón. ¡Ella se asoma!
Me paro en el portal, junto a la tienda,
y así espero feliz, frente a la amada,
a que la noche obscura nos sorprenda
prendidos de una límpida mirada.
¡Estamos, en la sombra sosegada,
oyendo al ruiseñor de la leyenda!