EL COFRE VACIO
RITMO, cierra tu cofre. No tengo, como antes,
flores ni joyas... Vivo sin ansia y sin pasión.
Gasté el zafir del sueño, la sarta de diamantes
del llanto, y el ardiente rubí del corazón.
En la truhanesca vida fuí de esos caminantes
que su escarcela exprimen de mesón en mesón,
besando maritornes, charlando con tunantes,
bebiendo ásperos vinos y oyendo una canción.
Gota a gota la clépsidra me cuenta los instantes
monótonos y grises, sin pena ni ilusión.
Cierra tu cofre, Ritmo; no hay rosas ni brillantes;
ya sólo en la memoria, como fascinación,
a veces, unas manos crispadas y anhelantes
tremolan y sacuden andrajos de crespón.