En el gris camino no quedó ni un eco.
Sin vino y sin ángel, prosigues el drama.
Tu casa está sola; tu vaso está seco.
¡Sufre en paz; que, a veces, sobre el árbol hueco
da flor una rama!
Madrid, Mayo 1919.
CREPUSCULO DE MAYO
ANTES, por este tiempo, sentía yo una extraña
inquietud, un impulso de volar al placer.
Hoy, con la vida estéril y la conciencia huraña,
hoy, que nadie me espera, que nadie me acompaña,
sólo siento el cansancio que hay en todo mi ser.
(¡Qué azul es este cielo primaveral de España!
Los árboles empiezan a reverdecer...)
Y estoy sereno. Un tibio rayo de sol me baña.
—Mi balcón está abierto frente al atardecer.—
La senil amargura que humedece mi entraña
sube en onda de llanto y mis ojos empaña.
—Las memorias invaden el rincón del ayer,
y, arácnidos obscuros, tejen su telaraña.
Ya, con los años, supe lo que debo saber:
que el pensamiento yerra y el corazón engaña.
De angustia y de cansancio me duele todo el ser.
(¡Qué hermoso es este cielo primaveral de España!
Los árboles empiezan a reverdecer...)
Madrid, Mayo de 1919.